martes, 28 de febrero de 2012

La carta comercial


La carta comercial

Las cartas comerciales son aquellas cuyo contenido está relacionado con operaciones comerciales, negocios, compra, venta, propaganda, movimientos internos de una empresa. Pueden ser entre otras, de acuse de recibo, solicitud de empleo, de crédito, propaganda, de cobro. 

Una
 carta comercial es un mensaje escrito con un fin específico: vender, comprar, agradecer, cobrar, reclamar, invitar, etc. De esta definición derivamos la clasificación de las cartas comerciales.


Es muy importante respetar las partes de una carta, principalmente cuando hablamos de una carta formal o comercial, ya que esa estructura forma parte de un convencionalismo que facilita la lectura y comprensión. 

El lector sabrá distinguir e interpretar con rapidez cada una de las partes de una carta, así podrá responder la carta con rapidez siguiendo el mismo formato, es decir, la misma estructura y partes que componen la carta. 

Las líneas de la carta comercial
Una Carta comercial tiene 3 partes que no tiene la familiar, membrete, destinatario, Nombre completo del autor, además es escrita de manera formal.
Sus partes son:
1. Membrete: Es el nombre, dirección y demás señas de identificación de una empresa o entidad que va impreso en la parte superior del papel y el sobre que se emplea para la correspondencia.
2. Localidad y Fecha: es aquella que indica el lugar desde donde se escriben las cartas así como el día mes y año.
3. Destinatario: son los datos de identificación de la persona al cual va a ser enviada la carta
4. Asunto: es un mensaje breve y concreto el cual no debe ser mas extenso de una línea y en el que se debe escribir el asunto principal por la cual fue enviada la carta.
5. Saludo: es una frase corta con mensaje de cortesía que se incluye antes de escribir el texto de la carta.
6. Texto: es el conjunto de párrafos que explica el asunto o motivo por el cual fue escrita la carta, se recomienda que los párrafos sean cortos escritos con lenguaje claro, preciso, natural y espontáneo.
7. Despedida: son expresiones de afecto con lo que se da por concluida la expresión del mensaje. La despedida debe guardar el mismo tono de cortesía, tanto de saludo inicial y la relación entre el emisor y receptor.
8. Antefirma: es aquella que se emplea cuando la persona que remite la carta lo hace en nombre y representación de otra.
9. Firma: es aquella que contiene el nombre de la persona que se responsabiliza por lo expresado en la carta.
10. Iniciales: es aquella que se refiere a las iniciales de las personas que han intervenido en el dictado y mecanografiado de la carta.
11. Anexos: esto se utiliza cuando a una carta la acompaña uno o varios documentos adjuntos, estos deben mencionarse en una nota de anexos.

Nota: Las partes destacadas son fijas/ invariables. Deben aparecer en toda carta comercial.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Lenguaje literario y no literario


Lectura suplementaria #2


¿Qué eres capaz de hacer por amor?
Por María Marín
Hay quienes son capaces de cometer una locura con tal conservar el amor de alguien. Ese fue el caso de una señorita que quería conquistar a un rey a toda costa. Su historia la leí en un blog y me impacto, por eso la quiero compartir.
Un rey solterito y muy guapo decidió contraer nupcias. Todas las mujeres de la ciudad trataron de convencerlo de que cada una de ellas era perfecta para él. Sin embargo, ninguna pudo persuadirlo ya que era muy exigente. Finalmente llegó una joven bella y carismática que le dijo: "Soy capaz de hacer lo que ninguna otra mujer haría". Al rey le picó la curiosidad y la dejo hablar. "Durante 100 días, permaneceré frente a este reino sin comida, agua, techo ni cobijas. Voy a soportar lluvia, frío, sereno y tempestad. Si cumplo esta hazaña merezco ser la reina", aseguró la doncella. El rey acepto el reto y así comenzó la prueba.
Después de 20 días el rey se asomó al balcón para ver cómo le iba a su futura prometida y desde lejos mostró aprobación con una sonrisa. Pasaron otros 30 días y el soberano salió a curiosear pero se sorprendió al ver que la mujer había bajado de peso y se veía un poco débil, entonces para animarla elevó una copa de vino que tenía en la mano en señal de apoyo. Al cabo de 90 días, el rey miró por la ventana y notó que la mujer estaba demacrada, esquelética y su cabello era un matojo de greñas alborotadas. Al verla tan decaída, alzó la mano derecha y levantó el pulgar animándola a continuar. Todo el mundo en el pueblo estaba emocionado porque al parecer la damisela estaba a punto de cumplir su promesa y pronto iban a tener reina.  
Después de 99 días y 23 horas la mujer estaba sumamente pálida y era obvio que estaba muy enferma. De repente, sucedió algo inesperado. Casi sin fuerzas se levantó y empezó a caminar alejándose del palacio. Nadie podía creer lo que sucedía. La noticia corrió como pólvora por todo el pueblo. Cuando llego a la casa, su padre le preguntó angustiado: ¿Hija mía, por qué renunciaste si apenas te faltaban unos minutos para convertirte en reina? A lo que respondió: "Soporté las peores calamidades, hubo ocasiones en las que sentía morirme de hambre y frío. Durante 99 días y 23 horas esperé a que se compadeciera y me liberara de esa tortura, sin embargo lo único que hizo fue alentarme a continuar con mi  sacrificio, demostrándome su desconsideración y egoísmo. Me di cuenta que una persona así, no merece mi corazón".
La enseñanza aquí es que alguien que te haga sufrir o que no sea capaz de dar lo mismo que tú,  ¡simplemente no te merece!

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Lectura suplementaria #1


Ladrón de sábado[Cuento: Texto completo]
Gabriel García Márquez
Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.
A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y. mientras escuchan al gran Benny cantando Cómo fue en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.
A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.
En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.
Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.
FIN